Los ensayos
Los ensayos En los asedios y en otros momentos en que la ocasión nos acerca al enemigo, solemos dar licencia a los soldados para retarlo, desdeñarlo e injuriarlo con toda suerte de reproches, y no sin una razón verosímil. Porque no es hacer poco arrebatarles toda esperanza de gracia y compromiso, haciéndoles ver que no cabe ya aguardarlos de aquel al que han ultrajado a tal extremo, y que no queda otro remedio que la victoria. Sin embargo, esto le salió mal a Vitelio. Porque cuando se las hubo con Otón, más débil en el valor de los soldados, desacostumbrados como estaban desde hacía mucho a la guerra, y ablandados por las delicias de la ciudad, terminó por irritarlos tanto con sus palabras mordaces, reprochándoles su pusilanimidad y la añoranza de las damas y las fiestas que habían dejado en Roma, que les infundió de ese modo un gran valor, lo cual ninguna exhortación había conseguido, y los atrajo él mismo a sus brazos, donde no se les podía empujar.[18] Y, a decir verdad, cuando son injurias que tocan en carne viva, pueden conseguir fácilmente que quien marchaba blandamente a la tarea por la querella de su rey, acuda con otro sentimiento por la suya propia.