Los ensayos
Los ensayos a | Quiero apiñar aquà algunas formas antiguas que recuerdo, unas semejantes a las nuestras, otras diferentes, para que, teniendo en la imaginación esta continua variación de las cosas humanas, nuestro juicio sea más claro y más firme. Lo que llamamos combatir a capa y espada estaba también en uso entre los romanos, según dice César: «Sinistris sagos inuoluunt, gladiosque distringunt»[2] [Se envuelven el brazo izquierdo con sus capas y desenvainan las espadas]. Y ya entonces observa en nuestra nación el vicio, que todavÃa persiste, de detener a los viandantes que encontramos por el camino y obligarles a decirnos quiénes son, y recibir como injuria y motivo de querella que rehúsen respondernos.[3] En los baños que los antiguos tomaban cada dÃa antes de la comida —y los tomaban tan ordinariamente como nosotros nos lavamos las manos con agua— al principio se lavaban sólo brazos y piernas; pero después, y por una costumbre que persistió muchos siglos y en casi todas las naciones del mundo, se lavaban completamente desnudos con agua mezclada y perfumada, de manera que consideraban prueba de gran simplicidad lavarse con agua pura. Los más finos y delicados se perfumaban todo el cuerpo tres o cuatro veces al dÃa.[4] A menudo se hacÃan arrancar con pinzas todo el pelo, de la misma manera que las mujeres francesas se han habituado, desde hace cierto tiempo, a depilarse la frente,