Los ensayos
Los ensayos LA INCONSTANCIA DE NUESTRAS ACCIONES
a | Quienes se dedican a examinar las acciones humanas, en nada encuentran tantas dificultades como en asociarlas y en presentarlas bajo el mismo lustre. Suelen, en efecto, contradecirse[1] de forma tan extrema que parece imposible que surjan del mismo lugar. Mario el Joven tan pronto resulta ser hijo de Marte como hijo de Venus.[2] El papa Bonifacio VIII asumió el cargo, según se cuenta, como un zorro, lo ejerció como un león, y murió como un perro.[3] Y ¿acaso alguien creería que fue Nerón, la verdadera imagen de la crueldad, quien respondió, cuando le presentaron para la firma, como de costumbre, la sentencia de un criminal condenado: «¡Ojalá nunca hubiese aprendido a escribir!»? Hasta ese punto oprimía su corazón la condena a muerte de un hombre.[4] Tales ejemplos abundan tanto —más aún, cada uno puede proporcionarse tantos a sí mismo— que encuentro extraño ver a veces cómo la gente de juicio se esfuerza por ajustar las piezas. Porque la irresolución me parece el vicio más común y evidente de nuestra naturaleza. Lo atestigua el famoso versecillo de Publilio el Cómico:
Malum consilium est, quod mutari non potest.[5]
[Mala decisión es aquella que no puede cambiarse].