Los ensayos
Los ensayos a | Pero es una vieja y amena cuestión si el alma del sabio puede llegar a rendirse a la fuerza del vino:[44]
Si munitae adhibet uim sapientiae.[45]
[Si éste puede violentar una sabidurÃa bien armada].
¡A cuánta vanidad nos empuja nuestra buena opinión sobre nosotros! Bastante trabajo le cuesta ya, al alma más ordenada y más perfecta del mundo, mantenerse en pie y evitar arrastrarse por el suelo a causa de la propia flaqueza. Entre un millar, no hay una que sea recta y sensata un instante de su vida; y podrÃa ponerse en duda si, conforme a su condición natural, puede serlo jamás. Pero añadirle la constancia, es su extrema perfección; es decir, si nada se opusiera a ella, cosa que mil accidentes pueden hacer. Por mucho que Lucrecio, el gran poeta, filosofe y se esfuerce, ahà tenéis cómo un brebaje amoroso le lleva a la locura.[46] ¿Creen acaso que una apoplejÃa no aturdirÃa a Sócrates igual que a un mozo de cuerda? Algunos han olvidado su propio nombre por la fuerza de una enfermedad, y una leve herida ha hecho perder el juicio a otros. Todo lo sabio que quiera, pero al fin y al cabo es un hombre: ¿qué hay más caduco, más miserable y más nulo? La sabidurÃa no fuerza nuestras condiciones naturales:
b | Sudores itaque et pallorem existere toto
corpore, et infringi linguam, uocemque aboriri,