Los ensayos
Los ensayos Cuando Terición predica a Cleómenes que se mate por la mala situación de sus asuntos, y que, eludida la muerte más honorable en la batalla que acababa de perder, acepte esta otra, que es la segunda en honor, y así no dé ocasión a los vencedores de hacerle sufrir o una muerte o una vida ignominiosa, Cleómenes, con una valentía lacedemonia y estoica, rehúsa esta solución como blanda y afeminada: «Éste es un remedio», dice, «que jamás puede faltarme, y del que uno no debe valerse mientras reste un ápice de esperanza»; añade que vivir es a veces firmeza y valentía; que él pretende que su muerte misma sea útil a su país, y quiere hacer de ella un acto honorable y virtuoso. Terición siguió su propio consejo en ese mismo instante y se mató. Cleómenes hizo otro tanto después; pero lo hizo tras haber experimentado el último grado de la fortuna.[47] Todas las desgracias no valen que se quiera morir para evitarlas.
Y, además, dado que en las cosas humanas se producen tantos cambios súbitos, es difícil juzgar el punto exacto en el cual se han agotado todas las esperanzas:
b | Sperat et in saeua uictus gladiator arena,
sit licet infesto pollice turba minax.[48]
[El gladiador, vencido en la cruel arena, tiene aún esperanza, por más que la turba le condene con el pulgar amenazador].