Los ensayos
Los ensayos a | El hombre, dice una antigua sentencia, puede esperarlo todo mientras sigue vivo. Sí, pero, responde Séneca, ¿por qué he de tener esto en la cabeza, que la fortuna lo puede todo para favorecer al que está vivo, más bien que esto otro, que la fortuna nada puede contra el que sabe morir?[49] Vemos a Josefo envuelto en un peligro tan manifiesto y cercano, pues todo un pueblo se había alzado contra él, que, desde el punto de vista de la razón, no podía haber escapatoria alguna. Sin embargo, pese a que uno de sus amigos, según dice, le aconsejó en ese momento quitarse la vida, le fue muy útil seguir obstinándose en la esperanza, pues la fortuna desvió, más allá de toda razón humana, este accidente, de tal manera que se vio libre sin daño alguno.[50] Y Casio y Bruto, en cambio, acabaron de destruir los restos de la libertad romana, cuya protección detentaban, por la precipitación y la ligereza con que se mataron antes de llegar el momento y la ocasión. c | En la batalla de Cerisoles el señor de Enghien intentó por dos veces herirse con la espada en la garganta, desesperado por la suerte del combate, que fue mal allí donde se encontraba; y, por tal precipitación, estuvo a punto de privarse de la alegría de una victoria tan hermosa.[51] He visto cien liebres salvarse entre los dientes de los lebreles. Aliquis carnifici suo superstes fuit[52] [Alguno ha sobrevivido a su verdugo]: