Los ensayos
Los ensayos b | ut tandem sensus conualuere mei,[25]
[cuando al fin mis sentidos se recuperaron],
a | que fue dos o tres horas después, me sentí al mismo tiempo recaer en el dolor, pues tenía los miembros completamente molidos y magullados por la caída; y estuve tan mal dos o tres noches más tarde, que creí volver a morir de nuevo, pero con una muerte más viva; y me resiento[26] todavía de la sacudida del golpe. No quiero olvidar que lo último que pude restablecer fue el recuerdo del accidente; y me hice repetir muchas veces adonde iba, de dónde venía, a qué hora me sucedió antes de poder entenderlo. En cuanto a la forma de mi caída, me la ocultaban para favorecer a quien la había causado, y se inventaban otras. Pero mucho tiempo después, y al día siguiente, cuando mi memoria se entreabrió y me representó la situación en que estaba en el instante en que vi que el caballo se me echaba encima —pues lo había visto pisándome los talones y me di por muerto, pero el pensamiento había sido tan rápido que el miedo no tuvo tiempo de surgir—, me pareció que un rayo me golpeaba el alma con una sacudida, y que volvía del otro mundo.