Los ensayos
Los ensayos Y si alguien me responde lo que un día un señor de buen juicio: que escatimaba sus riquezas con el único fin de obtener el fruto y provecho de que los suyos lo honraran y buscaran, y que, al haberle arrebatado la edad todas las demás fuerzas, era el único remedio que le restaba para mantener su autoridad en la familia, y evitar caer en el menosprecio y el desdén de todo el mundo c | —lo cierto es que no sólo la vejez sino toda flaqueza promueve, según Aristóteles, la avaricia—,[9] a | algo es; pero se trata de la medicina de una enfermedad cuyo nacimiento debería evitarse. Es bien desgraciado el padre que sólo posee el afecto de sus hijos porque necesitan su ayuda, si esto ha de llamarse afecto. Hay que ganarse el respeto con la virtud y la capacidad, y el amor con un comportamiento bondadoso y afable. Hasta las cenizas de una materia rica son valiosas, y tenemos por costumbre respetar y venerar los huesos y las reliquias de las personas honorables. Ninguna vejez puede ser tan caduca y tan corrupta para un personaje cuya vida ha transcurrido honrosamente, que no resulte venerable, y en especial para sus hijos, cuya alma es preciso haber sometido al deber mediante la razón, no por necesidad y obligación, ni por rudeza y por fuerza:
et errat longe, mea quidem sententia,
qui imperium credat esse grauius aut stabilius
ui quod fit, quam illud quod amicitia adiungitur.[10]