Los ensayos
Los ensayos LA CRUELDAD
a | Me parece que la virtud es algo diferente y más noble que las inclinaciones a la bondad que nos son innatas. Las almas de suyo rectas y bien nacidas siguen el mismo camino y presentan el mismo rostro en sus acciones que las virtuosas, pero la virtud suena a no sé qué de más grande y más activo que este dejarse llevar suave y apaciblemente tras la razón, merced a un temperamento feliz. Si alguien, por dulzura y facilidad natural, desdeña las ofensas sufridas, actuará de una manera muy bella y loable. Pero quien, irritado e indignado hasta lo vivo por una ofensa, se arme, con las armas de la razón, contra un furioso deseo de venganza, y, tras un gran conflicto, llegue al fin a dominarlo, hará sin duda mucho más. El primero actuará bien; el segundo, virtuosamente. La primera acción podrá ser llamada bondad; la segunda, virtud. Parece, en efecto, que el nombre de la virtud presupone dificultad y contraste, y que no puede ejercerse sin oposición.[1] Tal vez por eso llamamos a Dios bueno, fuerte y generoso y justo; pero no le llamamos virtuoso. Sus acciones son todas naturales y exentas de esfuerzo.[2]