Los ensayos
Los ensayos a | Ésta es una de las razones por las cuales Epaminondas, adepto de una tercera escuela,[7] rehúsa las riquezas que le brinda la fortuna por vía muy legitima, para haber de esgrimirse, dice, contra la pobreza, bajo cuya forma extrema se mantuvo siempre.[8] Me parece que Sócrates se ponía a prueba con mayor rudeza aún, conservando para su ejercicio la malignidad de su mujer —que es una prueba hecha con el filo de la espada—.[9] Metelo fue el único, entre todos los senadores romanos, que intentó, por medio del esfuerzo de su virtud, resistir a la violencia de Saturnino, tribuno del pueblo de Roma, que a toda costa quería hacer aprobar una ley injusta en favor del pueblo. Y, como por este motivo incurrió en los castigos capitales establecidos por Saturnino en contra de sus opositores, charlaba con quienes, en tal trance extremo, le conducían a la plaza con estas palabras: que obrar mal era cosa demasiado fácil y demasiado cobarde, y que obrar bien cuando no había peligro alguno era una cosa vulgar, pero que obrar bien con peligro era el deber propio de un hombre virtuoso.[10] Las palabras de Metelo nos muestran muy claramente lo que pretendía demostrar: que la virtud rehúsa la compañía de la facilidad, y que esa cómoda, suave e inclinada vía, por la cual avanzan los pasos ordenados de una buena tendencia natural, no es la de la verdadera virtud. Ésta exige un camino áspero y espinoso; quiere tener o dificultades ajenas contra las cuales luchar, como la de Metelo, por cuyo medio la fortuna se complace en frenar el ardor de su avance, o aquellas dificultades internas que surgen de los deseos desordenados y de las imperfecciones de nuestra condición.