Los ensayos
Los ensayos Los deseos son o naturales y necesarios, como el beber y el comer, o naturales e innecesarios, como las relaciones con las hembras, o ni naturales ni necesarios.[185] Casi todos los humanos son de esta última clase. Son todos superfluos y artificiales. Es, en efecto, asombroso qué poco precisa la naturaleza para estar satisfecha, qué poco nos ha dejado por desear. Los condimentos de nuestros platos no atañen a su prescripción. Dicen los estoicos que a un hombre le bastaría para sustentarse con una aceituna al día.[186] La delicadeza de nuestros vinos no forma parte de su lección, ni la sobrecarga que añadimos a nuestros deseos amorosos:
neque illa
magno prognatum deposcit consule cunnum.[187]
[y no necesita una vulva engendrada por un cónsul importante].