Los ensayos
Los ensayos a | En cuanto a fidelidad, no hay animal en el mundo tan traidor como el hombre. Nuestras historias cuentan la viva persecución que ciertos perros hicieron de la muerte de sus amos. El rey Pirro se topó con un perro que estaba vigilando a un muerto; tras oír que llevaba tres días haciendo este servicio, mandó que enterrasen el cadáver y se llevó el perro con él. Un día en que presenciaba la revista general de su ejército, el perro vio a los asesinos de su amo, se les echó encima con grandes ladridos y violenta furia, y por medio de este primer indicio encauzó la venganza del asesinato, que fue ejecutada poco después por la vía de la justicia.[213] Otro tanto hizo el perro del sabio Hesíodo, que demostró la culpabilidad de los hijos de Ganíctor de Naupacto en el asesinato de su amo.[214] Otro perro, que custodiaba un templo en Atenas, al ver a un ladrón sacrílego que se llevaba las joyas más hermosas, empezó a ladrar contra él con todas sus fuerzas; pero, como los sacristanes no por eso se despertaron, se puso a seguirlo, y, cuando se hizo de día, se mantuvo un poco más alejado de él, sin perderlo jamás de vista. Si le ofrecía de comer, no lo aceptaba; y a los demás transeúntes que encontraba por el camino, los festejaba con la cola y cogía de sus manos lo que le daban de comer; si su ladrón se detenía para dormir, él se detenía también en el mismo sitio. La noticia del perro llegó a los sacristanes de la iglesia, de modo que se pusieron a seguirle el rastro, preguntando por indicios del pelo del perro, y finalmente lo encontraron en la ciudad de Cromión, y también al ladrón, al que devolvieron a la ciudad de Atenas, donde recibió castigo. Y los jueces, en reconocimiento por este buen servicio, decretaron que el erario público se hiciera cargo de cierta ración de trigo para alimentar al perro, y a los sacerdotes, que lo cuidaran. Plutarco atestigua esta historia como cosa muy probada y acaecida en su época.[215]