Los ensayos
Los ensayos Señalemos además que somos el único animal cuyo defecto ofende a nuestros propios compañeros, y los únicos que tenemos que escondernos en nuestros actos naturales de nuestra propia especie. A decir verdad, es también un hecho digno de consideración que los maestros del oficio prescríban como remedio para las pasiones amorosas la visión íntegra y libre del cuerpo perseguido —que, para enfriar el amor, baste con ver libremente aquello que se ama—:
Ille quod obscoenas in aperto corpore partes
uiderat, in cursu qui fuit, haesit amor.[250]
[Como vio las partes obscenas del cuerpo al
desnudo, en medio de su curso, detuvo su amor].
Y aunque esta receta pueda tal vez partir de un humor un poco delicado y frío, el hecho de que el uso y el conocimiento nos produzcan un hastío mutuo es, pese a todo, un signo asombroso de nuestra flaqueza. b | No es tanto el pudor como el arte y la prudencia lo que vuelve a nuestras damas tan circunspectas que nos rehúsan la entrada en sus gabinetes antes de haberse pintado y adornado para la exhibición pública:
a2 | Nec ueneres nostras hoc fallit: quo magis ipsae
omnia summopere hos uitae post scenia celant,
quos retinere uolunt adstrictoque esse in amore.[251]