Los ensayos
Los ensayos Por lo demás, incluso la parte de favores naturales que admitimos concederles a los animales les resulta muy ventajosa. Nosotros nos atribuimos bienes imaginarios y fantásticos, bienes futuros y ausentes, de los cuales la capacidad humana no puede asegurarse por sà misma, o bienes que nos arrogamos falsamente por la licencia de nuestra opinión, como la razón, la ciencia y el honor. Y a ellos les dejamos en suerte bienes sustanciales, tangibles y palpables: la paz, el reposo, la seguridad, la inocencia y la salud. La salud, digo, el más hermoso y rico regalo que la naturaleza pueda hacernos. De manera que la filosofÃa, incluso la estoica, osa decir que Heráclito y Ferécides, si hubiesen podido cambiar su sabidurÃa por la salud, y librarse con este trato, el uno de la hidropesÃa, el otro de la pediculosis que les aquejaba, habrÃan hecho bien.[253] Con esto valoran aún más la sabidurÃa, al compararla y equipararla con la salud, de lo que lo hacen con otra proposición que es también suya. Dicen que, si Circe le hubiese presentado a Ulises dos bebedizos, uno para tranformar al hombre de insensato en sabio, otro para transformarlo de sabio en insensato, Ulises deberÃa haber elegido el de la locura antes que consentir que Circe cambiara su forma humana por la de un animal; y añaden que la misma sabidurÃa le habrÃa hablado de este modo: «Renuncia a mÃ, abandóname antes que cobijarme bajo la forma y el cuerpo de un asno».[254] ¡Pero cómo!, entonces, ¿los filósofos renuncian a esta grande y divina sabidurÃa a cambio del velo corporal y terrestre? Entonces, ya no superamos a los animales por la razón, la reflexión y el alma; los superamos por nuestra belleza, por nuestra hermosa tez y por la bella disposición de nuestros miembros. Por ésta hemos de olvidar nuestra inteligencia, nuestra prudencia y todo lo demás.