Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Tú no tenÃas derecho a enfurecerte como lo hiciste y a hablar de esa manera, Ana. Me sentà avergonzada de ti; profundamente avergonzada. Deseaba que te comportaras bien con la señora Lynde, y en vez de eso, me has agraviado. Tengo la seguridad de que tú misma no sabes por qué perdiste la compostura cuando la señora Lynde dijo que eras fea y tenÃas el pelo rojo. Tú lo dices muy a menudo.
- Oh, pero hay mucha diferencia entre decir una cosa uno mismo y escuchar a otros decirla
– gimió Ana –. Uno puede saber que algo es asÃ, pero no puede dejar de tener la esperanza de que los demás no lo vean asÃ. Supongo que usted ha de pensar que tengo un genio horrible, pero no pude evitarlo. Cuando ella dijo esas cosas algo surgió en mà y me hizo saltar. Tuve que estallar.
- Bueno, debo decir que has hecho una buena exhibición de tu carácter. La señora Rachel Lynde tendrá una bonita historia para contar sobre ti por todas partes, y lo hará. Ha sido terrible que hayas perdido asà el dominio de tus nervios, Ana.
- ImagÃnese cómo se sentirÃa usted si alguien le dijera en su propia cara que es flaca y fea
– gimió Ana toda llorosa.