Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Eso no serÃa tan difÃcil si la gente no me reprendiera por mi aspecto – dijo Ana suspirando –. Otras cosas no me molestan, pero estoy tan cansada de que me reprendan por mi cabello, que no puedo evitar saltar de indignación. ¿Cree usted que mi cabello se volverá castaño claro cuando crezca?.
- Ana, no deberÃas preocuparte tanto por tu apariencia. Temo que eres una criatura muy presumida.
- ¿Cómo puedo ser presumida cuando sé que soy fea? – protestó Ana –. Me gustan las cosas bellas y odio mirar al espejo y ver algo que no sea hermoso. Me hace sentir muy triste; igual que cuando veo algo horrible.
- Quien hace cosas hermosas es hermoso – dijo Marilla.
- Eso ya me lo han dicho antes, pero tengo mis dudas al respecto – comentó escéptica Ana, oliendo los narcisos –. ¡Oh, estas flores son preciosas! La señora Lynde fue muy buena al dármelas. No tengo resentimiento. Pedir disculpas y ser perdonada produce una hermosa sensación, ¿no es asÃ? ¿No están brillantes las estrellas esta noche? Si pudiera vivir en una estrella, ¿cuál elegirÃa? A mà me gustarÃa aquella grande que se ve a lo lejos, sobre la colina.
- Ana, por favor, cállate – dijo Marilla, completamente agotada por tener que seguir los giros del pensamiento de Ana.