Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Hasta el viernes siguiente Marilla no se enteró de la historia del sombrero adornado con flores. Al volver de la casa de la señora Lynde, llamó a Ana.
- Ana, la señora Rachel dice que el domingo fuiste a la iglesia con el sombrero ridÃculamente adornado con rosas y narcisos. ¿Qué te impulsó a hacer eso? ¡Debes haber sido algo digno de verse!.
- Oh, ya sé que el rosa y el amarillo no me quedan muy bien – empezó Ana.
- ¡Muy bonito! ¡Lo ridÃculo fue ponerle flores al sombrero, no importa de qué color fueran! ¡Eres la criatura más extravagante!.
- No veo que sea más ridÃculo llevar flores en el sombrero que en el vestido – protestó Ana
–. Infinidad de niñas tenÃan ramos de flores sujetos al vestido. ¿Cuál es la diferencia?.
A Marilla no la iban a llevar de la seguridad de lo concreto a las dudosas rutas de lo abstracto.
- No me contestes asÃ, Ana. Fuiste una tonta. Que no te vuelva a ver hacerlo. La señora Rachel dijo que hubiera querido que la tierra la tragase cuando te vio llegar ataviada asÃ.
No pudo acercarse a decirte que te las quitaras hasta que fue demasiado tarde. Diré que la gente lo consideró algo horrible. Desde luego que pensarán que yo te he dejado salir asÃ.