Ana de las Tejas Verdes

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A la mañana siguiente, la señorita Josephine Barry no apareció a la hora del desayuno. La señora Barry sonrió amablemente a las dos niñas.

- ¿Habéis pasado bien la noche? Traté de mantenerme despierta para deciros que había llegado tía Josephine y que teníais que dormir arriba, pero estaba tan cansada que me quedé dormida. Espero que no hayáis molestado a tu tía, Diana.

Diana guardó un discreto silencio, pero Ana y ella cambiaron furtivas sonrisas a través de la mesa. Ana regresó a su casa inmediatamente después del desayuno y de esa manera no supo del alboroto que se había armado en casa de los Barry hasta que fue a casa de la señora Lynde a llevar un mensaje de Marilla.

- De modo que Diana y tú casi matáis del susto a la pobre señorita Barry – dijo la señora Lynde severamente, pero guiñando un ojo –. La señora Barry estuvo aquí hace un rato.

Realmente está muy preocupada. La vieja señorita Barry estaba de un humor terrible cuando se levantó esta mañana, y el humor de Josephine Barry no es cosa de broma, te lo aseguro. No le dirigirá la palabra a Diana.

- No fue culpa de Diana – dijo Ana, contrita –, sino mía. Yo sugerí que corriéramos para ver quién llegaba primero a la cama.


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