Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Lo sabÃa – dijo la señora Lynde con la exaltación propia de quien todo acierta –. SabÃa que esa idea era fruto de tu cerebro. Bueno, ha ocasionado gran cantidad de molestias.
La señorita Barry vino a quedarse un mes, pero ha dicho que no quiere permanecer allà ni un dÃa más y emprenderá el regreso mañana, aunque sea domingo. Se hubiera ido hoy de haber encontrado quien la llevara. HabÃa prometido pagar un trimestre de las lecciones de música de Diana, pero ahora está decidida a no hacer nada por una diablilla como ésa.
Oh, supongo que habrán pasado un mal momento esta mañana. Los Barry deben estar afligidÃsimos. La señorita Barry es rica y quieren mantenerse en buenas relaciones con ella. Por supuesto, esto no me lo dijo la señora Barry, pero comprendo bastante bien la naturaleza humana como para darme cuenta.
- Soy una niña muy desgraciada – gimió Ana –. Soy una continua causa de problemas y también se los causo a mis mejores amigos, gentes por las que darÃa la vida. ¿PodrÃa decirme el porqué, señora Lynde?.
- Porque eres demasiado descuidada e impulsiva, chica, eso es. Nunca te detienes a pensar. Cualquier cosa que se te ocurre la dices o la llevas a cabo sin reflexionar.