Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Esta vez estoy segura de no haber olvidado nada, Marilla. ¿Cree que subirá? Suponga que la levadura no es buena. Usé la de la lata nueva. La señora Lynde dice que hoy dÃa uno nunca está seguro de obtener buena levadura, ahora que todo está tan adulterado.
Dice también que el gobierno deberÃa tomar cartas en el asunto, porque nunca llega el dÃa en que un gobierno tory haga algo. Marilla, ¿qué haremos si el pastel no sube?.
- Hay muchas cosas para comer – fue la manera desapasionada de Marilla de contemplar el asunto.
El pastel subió, sin embargo, y salió del horno tan ligero como una esponja. Ana, roja de placer, le puso la capa de jalea y vio en su imaginación a la señora Allan comiéndola y probablemente pidiendo otra porción.
- Pondrá el mejor juego de té, desde luego, Marilla – dijo Ana –. ¿Puedo adornar la mesa con helechos y rosas silvestres?.
- Me parece que es una tonterÃa – respondió Marilla –. En mi opinión, lo que cuenta es la comida y no esa inútil decoración.
- La señora Barry tenÃa decorada su mesa – dijo Ana, que no estaba privada del todo de la inteligencia de la serpiente –, y el ministro le hizo un cumplido por ello. Dijo que era tanto una fiesta para los ojos como para el paladar.