Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes La niña se acostó aquella noche muda de dolor porque Matthew había dicho que el viento giraba al nordeste y temía que lloviera al día siguiente. El susurro de las hojas de los álamos alrededor de la casa la preocupaba, pues sonaba como las gotas de lluvia, y el bajo y lejano ruido del golfo, que escuchara deleitada otras veces, gozando de un ritmo extraño, sonoro, cautivador, parecía ahora una profecía de tormenta y desastre para una doncellita que deseaba particularmente un buen día. Ana pensó que nunca llegaría la mañana.
Pero todo pasa, hasta las noches anteriores al día en que uno está invitado a tomar el té en la rectoría. La mañana fue hermosa, a pesar de las predicciones de Matthew, y el ánimo de Ana llegó a las alturas.