Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - La señora Spencer dijo que debo tener la lengua sujeta por el medio. Pero no es así: sujeta por un extremo. La señora Spencer dijo que su finca se llama “Tejas Verdes”. Le hice preguntas sobre ella. Y dijo que hay árboles rodeándola. Eso me puso más contenta aún. Me encantan los árboles. Y no había ninguno en el asilo, nada más que unos palos enclenques y miserables, de los cuales colgaban unas jaulas blanqueadas con cal. Esos árboles parecían huérfanos también. Yo acostumbraba decirles: “¡Oh, pobrecillos! Si estuvierais en los grandes bosques con otros árboles en derredor, con alces y ardillas y el arroyo no muy lejos, con pájaros cantando en vuestras ramas, podríais crecer, ¿no es cierto? Pero no lo podéis hacer donde estáis. Sé exactamente lo que sentís, arbolitos”.
Lamenté dejarlos esta mañana. Uno se siente tan unido a cosas así, ¿no es cierto? ¿Hay algún arroyo cerca de “Tejas Verdes”? Olvidé preguntárselo a la señora Spencer.
- Bueno, sí. Hay uno al lado de la casa.
- ¡Qué bien! Siempre ha sido uno de mis sueños vivir cerca de un arroyo. Nunca esperé que así ocurriera, sin embargo. Los sueños no se hacen siempre realidad, ¿no es cierto?
¿No sería hermoso que así fuera? Pero ahora me siento bastante cerca de la felicidad porque..., bueno, ¿qué color diría usted que es esto?.