Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Cuando llegué allí, la señora Allan me recibió en la puerta. Llevaba un hermosísimo vestido de organdí rosa pálido, con muchos volantes y mangas hasta el codo, con el que parecía un serafín. Estoy pensando que me gustaría ser la esposa de un pastor cuando crezca, Marilla. Un pastor no hará hincapié en mis cabellos rojos porque no pensará mucho en cosas terrenales. Pero entonces uno debe ser naturalmente bueno y yo nunca podré serlo, de manera que de nada vale pensar en ello. Algunas gentes son naturalmente buenas y otras no, sabe usted. Yo soy una de las otras. La señora Lynde dice que estoy llena del pecado original. No importa cuánto trate de ser buena, nunca podré tener éxito en ello como aquellos que son naturalmente buenos. Eso se parece mucho a la geometría. Pero ¿no le parece que el intentarlo debería tener algún valor? La señora Allan es una de esas gentes naturalmente buenas. La quiero apasionadamente.