Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Después del té, la señora Allan tocó el piano y cantó y nos hizo cantar también a Lauretta y a mí. La señora Allan dice que tengo buena voz y que debo cantar en el coro de la Escuela Dominical. No puede imaginarse cómo me estremezco de sólo pensarlo. He deseado mucho cantar en ese coro, como Diana, pero temía que fuera un honor al cual no podía aspirar. Lauretta tuvo que retirarse temprano porque hoy hay un gran festival en el hotel de White Sands y su hermana recita allí. Lauretta dice que los estadounidenses del hotel celebran uno cada quince días para ayuda del hospital de Charlottetown y piden a mucha gente de White Sands que recite. Yo la contemplaba reverentemente. Después que se fue, la señora Allan y yo tuvimos una conversación de corazón a corazón. Le conté todo sobre la señora Thomas y los mellizos, Katie Maurice y Violeta, mi venida a
“Tejas Verdes” y mis preocupaciones por la geometría. ¿Quiere creerlo, Marilla? La señora Allan me dijo que ella también era terrible en geometría. No se imagina usted cuánto valor me ha dado saberlo. La señora Lynde llegó a la rectoría poco antes de que me fuera ¿y sabe qué dijo? Que los síndicos han contratado una nueva maestra. Su nombre es Muriel Stacy. La señora Lynde dice que nunca hubo una maestra en Avonlea.
Pero a mí me parece maravilloso que así sea y no sé cómo voy a poder vivir estas semanas que faltan para comenzar las clases, tan impaciente estoy por verla.