Ana de las Tejas Verdes

- Sí, y es tan bonito estar de regreso en casa – respondió Ana alegremente –. Sería capaz de besarlo todo, hasta el reloj. ¡Marilla, pollo a la parrilla! ¡Quiere decir que lo ha preparado especialmente para mí!.

- Sí – dijo Marilla –, pensé que estarías hambrienta después del viaje y que necesitarías algo reconfortante. Apresúrate y cámbiate de ropa; cenaremos tan pronto regrese Matthew. Estoy contenta de que hayas vuelto. Todo está horriblemente solitario sin ti; nunca pasé cuatro días tan largos.

Después de cenar, Ana se sentó ante el fuego entre Marilla y Matthew y les hizo un relato completo de su visita.

- Han sido unos días fantásticos – concluyó, feliz –, y siento que eso marca una época de mi vida. Pero lo mejor de todo fue el regreso a casa.

CAPÍTULO TREINTA

La fundación del Club de la Academia de la Reina

Marilla dejó caer el tejido sobre la falda y se arrellanó en su silla. Tenía los ojos cansados y pensó vagamente que debía hacer cambiar sus lentes la próxima vez que fuera al pueblo, pues se le cansaban mucho de un tiempo a esta parte.

Era casi de noche, pues el opaco crepúsculo de noviembre ya había caído en “Tejas Verdes”

y la única luz en la cocina venía de las danzarinas llamas del hogar.

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