Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Diana frunció los labios, inclinó la cabeza con aire crÃtico y finalmente se pronunció a favor de las perlas.
- ¡Hay algo tan estilizado en ti, Ana! – dijo Diana con admiración exenta de toda envidia –
. ¡Tienes un porte tan especial! Supongo que es por tu figura. Yo soy regordeta.
Siempre temà llegar a serlo y ahora sé que es asÃ. Bueno, supongo que tendré que resignarme.
- Pero si tienes hoyuelos – sonrió Ana afectuosamente al vivo y bonito rostro que se encontraba cerca del suyo -. Hoyuelos maravillosos como pequeñas abolladuras en la crema. Yo he perdido todas las esperanzas de tenerlos. Mi sueño de hoyuelos nunca será una realidad; pero tantos otros se han cumplido, que no debo quejarme. ¿Ya estoy lista?.
- Completamente – aseguró Diana en el instante en que Marilla apareció en la puerta; una figura delgada con más cabellos grises que en otros tiempos, pero con un rostro mucho más tierno –. Venga y observe a nuestra declamadora, Marilla. ¿No está encantadora?.
Marilla emitió un sonido mezcla de bufido y gruñido.