Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes –. Es tan bello ver llegar la mañana sobre las largas colinas resplandeciendo a través de las puntiagudas copas de los abetos! Es algo nuevo cada mañana y siento como si bañara mi alma en esos primeros rayos de sol. Oh, Diana, ¡quiero tan entrañablemente a este pequeño cuarto! No sé cómo podré dejarlo cuando vaya a la ciudad el mes que viene.
- No hables de tu partida esta noche – rogó Diana –. No quiero pensar en ella; me hace sentir muy triste y hoy quiero pasar una noche divertida. ¿Qué vas a recitar, Ana?
¿Estás nerviosa?.
- Ni un poquito. He recitado en público tan a menudo que ahora ya no me preocupa en absoluto. He decidido declamar “El voto de la Doncella”. ¡Es tan patético! Laura Spencer va a recitar algo cómico, pero yo prefiero hacer llorar a la gente.
- ¿Y qué dirás si te piden un bis?.
- No lo harán – se burló Ana, quien en lo más íntimo de su ser abrigaba la esperanza de que lo harían y ya se veía contándoselo a Matthew a la mañana siguiente durante el desayuno –. Allí llegan Billy y Jane; oigo el ruido de las ruedas. Vamos.