Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Por favor, ¿pueden llamarme Cordelia? – dijo ansiosamente.
- ¡Llamarte Cordelia! ¿Es ése tu nombre?.
- No-o-o, no es exactamente mi nombre, pero me encantarÃa llamarme asÃ. Es un nombre tan elegante...
- No entiendo nada de lo que estás diciendo. Si no te llamas Cordelia, ¿cuál es tu nombre?.
- Ana Shirley – balbuceó de mala gana –, pero, por favor, llámeme Cordelia. No puede importarle mucho cómo tiene que llamarme, si voy a estar aquà poco tiempo, ¿no es cierto? Y Ana es un nombre tan poco romántico.
- ¡Disparates novelescos! – dijo la desconsiderada Marilla –. Ana es un nombre realmente bien sencillo y sensato. No tienes por qué avergonzarte de él.
- Oh, no, no me avergüenzo – explicó Ana –, sólo que me gusta más Cordelia... por lo menos durante los últimos años. Cuando era joven, imaginaba llamarme Geraldine, pero ahora me gusta más Cordelia. De cualquier modo, si quiere llamarme Ana, hágalo.
- Muy bien, entonces, Ana, ¿quieres explicarnos cómo se ha producido esta confusión?
Nosotros le mandamos decir a la señora Spencer que nos trajera un muchacho. ¿No habÃa niños en el asilo?.