Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes Ana se quitó el sombrero humildemente. En seguida regresó Matthew y se sentaron a cenar.
Pero Ana no podÃa comer. En vano mordisqueaba el pan untado con mantequilla y picoteaba las manzanas agrias en almÃbar.
- No comes nada – dijo Marilla toscamente, mirándola como si esto fuera una falta grave.
Ana suspiró.
- No puedo. Me encuentro sepultada en los abismos de la desesperación. ¿Puede usted comer cuando se encuentra en los abismos de la desesperación?.
- Nunca estuve en los abismos de la desesperación, de modo que no puedo decirlo –
respondió Marilla.
- ¿No? Bueno, ¿ha tratado alguna vez de imaginárselo?.
- No.