Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - No me atrevo a salir – contestó Ana, con el tono de un mártir que renuncia a las glorias terrenas –. Si no puedo quedarme aquí, de nada sirve que quiera a “Tejas Verdes”. Y si salgo y veo todos esos árboles, flores, plantaciones y el arroyo, no podré evitar quererlos.
Ya es bastante duro ahora, de manera que no trataré de hacerlo todavía más. ¡Deseo tanto salir! Todo parece decirme: “Ana, Ana, sal a vernos, Ana, Ana, queremos un compañero de juegos”, pero será mejor que no lo haga. De nada sirve querer algo de lo que te tienes que separar, ¿no es así? ¡Y es tan difícil evitar quererlas! Por eso estaba tan contenta de vivir aquí. Pensé que tendría muchas cosas para querer y nada que me lo impidiese. Pero el breve sueño ha pasado. Me resigno a mi suerte, de manera que no pienso salir por temor a perder la resignación. ¿Cómo se llama ese geranio del alféizar?.
- Es un geranio injertado.
- Oh, no me refiero a esa clase de nombre. Quiero decir el nombre que le da usted. ¿No le ha puesto ninguno? ¿Puedo ponérselo yo? Puede llamarle... vamos... Bonny estará bien... ¿Puedo llamarle Bonny mientras esté aquí? ¿Puedo?.
- No tengo inconveniente. ¿Pero qué sentido tiene ponerle nombre a un geranio?.