Ana de las Tejas Verdes
Ana de las Tejas Verdes - Lo siento muchÃsimo – dijo la señora Spencer –. Es una lástima, pero ya ve que no ha sido por mi culpa. Hice cuanto pude y pensé que seguÃa sus instrucciones. Nancy es terrible. A menudo he debido reprenderla por sus despistes.
- Fue culpa nuestra – dijo Marilla resignadamente –. Debimos haber ido nosotros y no dejar que un mensaje de tal importancia fuera pasado verbalmente. De todas maneras, el error ha sido hecho y debemos corregirlo. ¿Podemos devolver la niña al asilo? Supongo que la volverán a admitir.
- Supongo – dijo pensativamente la señora Spencer –, pero no creo que sea necesario enviarla. La señora Peter Blewett estuvo ayer por aquà y me dijo cuánto desearÃa que le mandaran una chiquilla por mi intermedio para que la ayudara. La señora Blewett tiene familia numerosa y le cuesta encontrar ayuda. Ana es exactamente lo que necesita. Esto es lo que yo llamo providencial.
Marilla no daba la sensación de considerar providencial el asunto. Aquà tenÃa inesperadamente una buena oportunidad de deshacerse de la indeseada huérfana, y ni siquiera se sentÃa contenta.