Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Bien —declaró la tÃa Sabueso en tono beligerante—, lo único que puedes hacer ahora es casarte con ella, Jim Wilcox. Jamás conseguirá marido, si se corre el rumor de que fue hallada aquà contigo a las dos de la mañana.
—¡Casarme con ella! —exclamó Jim con impaciencia—. ¡Pero si no he deseado otra cosa en mi vida que casarme con ella!
—¿Y por qué no lo has dicho antes? —preguntó Nora, volviéndose hacia él.
—¿DecÃrtelo? Me has tenido a distancia y te has burlado de mà durante años. Nunca dejabas de demostrarme cuánto me despreciabas. Me parecÃa que no tenÃa sentido que te lo pidiera. Y en enero pasado, dijiste…
—¡Me obligaste a decir…!
—¡Yo te obligué! ¡Ja! ¡Ésta si que es buena! Buscaste pelea nada más que para deshacerte de mÃ…
—No… Yo…
—Y no obstante, fui tan tonto como para venir navegando en medio de la noche porque pensé que habÃas puesto la vieja señal en la ventana, pues me necesitabas. ¡Pedirte que te cases conmigo! Bien, te lo pediré ahora y me quitaré el asunto de encima. Asà podrás divertirte rechazándome delante de toda esta gente. Nora Edith Nelson, ¿quieres casarte conmigo?