Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —¿Con pasas de uva? —preguntó Lewis, con ojos chispeantes.
—MuchÃsimas. Mi papá no es malo.
—¿No tienes mamá, tesoro? —preguntó Ana.
—No. Mi mamá murió. La señora Merrill una vez me dijo que se habÃa ido al cielo, pero mi papá dice que ese lugar no existe, y él entiende de esas cosas. Mi papá es muy sabio. Ha leÃdo miles de libros. Cuando sea grande, seré exactamente igual a él… pero le daré comida a la gente cuando me pidan. A mi papá no le gusta demasiado la gente, saben, pero es muy bueno conmigo.
—¿Vas a la escuela? —quiso saber Lewis.
—No. Mi papá me da lecciones en casa. Pero los del Consejo Escolar le dijeron que el próximo año tendré que ir. Me gustarÃa ir a la escuela y jugar con otros niños. Claro, tengo a Carlo, y papá es estupendo para los juegos cuando tiene tiempo. Mi papá es un hombre muy ocupado, saben. Tiene que llevar la granja y mantener limpia la casa. Por eso no le gusta que venga gente… Cuando sea grande, podré ayudarlo mucho y entonces tendrá más tiempo para ser amable con las personas.
—Ese pastel estaba delicioso, Muchachito —le dijo Lewis, tragando la última miga.
Los ojos del Muchachito brillaron.
—Me alegro tanto de que les haya gustado —dijo.