Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Se volvieron para mirarlo antes de tomar una curva y lo vieron de pie sobre el dique, junto al perro, saludándolos con la mano. Como era de esperar, Rebecca Dew estaba enterada de todo lo referente a los Armstrong.
—James Armstrong nunca se recuperó de la muerte de su esposa, hace cinco años —le contó a Ana—. No era tan hosco antes de eso, aunque sà algo ermitaño. Es su naturaleza. VivÃa dedicado a su esposa; ella era veinte años menor que él. Su muerte fue un golpe terrible, al parecer. Se convirtió en un hombre amargado y malhumorado. No quiso ni siquiera buscar un ama de llaves… cuidaba él solo de la casa y del niño. Vivió solo durante años antes de casarse, de manera que tenÃa experiencia.
—Pero no es vida para el niño —acotó la tÃa Chatty—. El padre nunca lo lleva a la iglesia ni a ninguna parte para que vea gente.
—Adora al chico, según dicen —dijo la tÃa Kate.
—«No antepondrás ningún otro dios a mû —citó Rebecca Dew repentinamente.