Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Iré, desde luego. Pero nadie me invitará a bailar y me sentiré sarcástica, malhumorada y avergonzada. Siempre me siento mal en las fiestas… en las pocas a las que he ido, quiero decir. Nadie parece pensar que podrÃa gustarme bailar… y has visto que bailo bastante bien, Ana. Aprendà en casa del tÃo Henry, porque una pobre criada que tenÃan habÃa querido aprender, también, y las dos bailábamos juntas en la cocina por las noches, al son de la música de la sala. Creo que me gustarÃa bailar… con un compañero adecuado, por supuesto.
—No lo pasarás mal en esta fiesta, Katherine. No estarás del lado de fuera, mirando hacia dentro. Ahà está toda la diferencia, sabes: entre estar dentro mirando hacia fuera, y estar fuera mirando hacia dentro… Tienes un pelo precioso, Katherine. ¿Te molestarÃa que intentara hacerte un peinado nuevo?
Katherine se encogió de hombros.
—No, hazlo. Sé que mi peinado es horroroso, pero no tengo tiempo de estar rizándome el pelo todo el tiempo. No tengo vestido de fiesta. ¿Podré ir con el verde de tafetán?
—Tendrá que ser ése, aunque el verde es justamente el color que no deberÃas usar, querida Katherine. Pero te pondrás un cuello rojo de gasa que te he hecho. SÃ, lo harás. TendrÃas que tener un vestido rojo, Katherine.