Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Siempre detesté el rojo. Cuando fui a vivir con el tÃo Henry, la tÃa Gertrude me hacÃa usar delantales color rojo intenso. Los otros niños de la escuela gritaban «¡Fuego!», cuando yo entraba con uno de esos delantales. Además, no tengo paciencia para la ropa.
—¡Que Dios me dé paciencia a mÃ! La ropa es muy importante —dijo Ana en tono severo, mientras trenzaba y recogÃa el cabello de Katherine. Observó su trabajo y vio que era bueno. Pasó un brazo alrededor de los hombros de Katherine y la hizo volverse hacia el espejo—. ¿No te parece que somos un par de muchachas bonitas? —rió—. ¿No es lindo pensar que la gente encontrará algo de placer al mirarnos? Hay tanta gente desabrida que realmente cambiarÃa muchÃsimo si hiciera un esfuerzo…