Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Aun en aquella noche de luna, cuando me propuso casamiento, yo estaba pensando en qué vestido usarÃa para la fiesta de disfraces de Joan Pringle. Pensaba que serÃa bonito ir como Reina de Mayo, en verde pálido, con una faja en verde más oscuro, y una corona de rosas color rosado pálido en el pelo. Y una caña decorada con rosas y cintas verdes y rosadas. ¿No hubiera sido encantador? Y después el tÃo de Joan tuvo que morirse y Joan no pudo dar la fiesta, después de todo, asà que de nada sirvió. Pero lo importante es que… realmente no puedo haberlo amado, si mis pensamientos vagaban de esa forma, ¿no cree?
—No lo sé… a veces los pensamientos nos juegan malas pasadas.
—Realmente creo que no quiero casarme en absoluto, señorita Shirley. Por casualidad, ¿tiene un palillo de naranjo a mano? Gracias. Tengo las uñas desparejas. Bien puedo limármelas mientras hablo. ¿No es agradable estar intercambiando confidencias de este modo? Son tan pocas las oportunidades que tenemos… el mundo se entromete tanto… Bien, ¿en qué estaba? Ah, sÃ, Terry… ¿Qué voy a hacer, señorita Shirley? Quiero que me dé un consejo. ¡Ay, me siento como una criatura atrapada!
—Pero Hazel, es tan sencillo…