Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —No, no es nada sencillo, señorita Shirley. Es terriblemente complicado. Mamá está escandalosamente complacida, pero la tÃa Jean, no. Terry no le gusta y todos dicen que ella es una mujer de buen juicio. No quiero casarme con nadie. Soy ambiciosa… quiero una carrera. A veces pienso que me gustarÃa ser monja. ¿No serÃa maravilloso ser la novia del Cielo? La Iglesia Católica es tan pintoresca, ¿no cree? Pero claro, no soy católica… y de todos modos, no se podrÃa llamarlo una carrera. Siempre pensé que me gustarÃa ser enfermera. Es una profesión tan romántica, ¿no le parece? Acariciar frentes afiebradas y todo eso… ¡y un paciente millonario que se enamora de mà y me lleva a pasar la luna de miel en una casa veraniega en la costa del Mediterráneo, bajo el sol de la mañana! Me he visto asÃ. Sueños tontos, quizá, pero ay, tan dulces… No puedo renunciar a ellos por la prosaica realidad del matrimonio con Terry Garland y una vida en Summerside.
Hazel se estremeció ante la idea y se examinó una uña con ojos crÃticos.
—Supongo que… —comenzó a decir Ana.