Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —No tenemos nada en común, sabe, señorita Shirley. Él es indiferente a la poesÃa y el romance, y para mà son la vida. A veces pienso que debo de ser una reencarnación de Cleopatra… ¿o serÃa Helena de Troya…? En fin, una de esas mujeres lánguidas y seductoras. Tengo pensamientos y sensaciones tan maravillosos… No sé de dónde me vienen, si ésa no es la explicación. Y Terry es tan pragmático… no puede ser la reencarnación de nadie. Lo que dijo cuando le conté sobre la pluma de escribir de Vera Fry lo demuestra, ¿no cree?
—Es que nunca oà hablar de la pluma de escribir de Vera Fry —dijo Ana, con paciencia.
—¿De veras? Creà que se lo habÃa contado. Le he contado tantas cosas… El novio de Vera le regaló una pluma de escribir que habÃa hecho con una pluma caÃda de un ala de cuervo, que encontró en el suelo. Él le dijo: «Que tu espÃritu se eleve al cielo con ella cada vez que la usas, como el pájaro que una vez la llevó». ¿No fue absolutamente maravilloso? Pero Terry dijo que la pluma se gastarÃa muy pronto, sobre todo si Vera escribÃa tanto como hablaba, y en cualquier caso, no le parecÃa que los cuervos se elevaran al cielo. Sencillamente, no captó el significado en absoluto… la esencia.
—¿Y cuál era el significado?