Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Veo que no le habló hasta matarla —comentó Rebecca Dew cuando Ana volvió después de acompañar a Hazel hasta el final de la calle—. No entiendo cómo la soporta.
—Me resulta simpática, Rebecca, de veras. Yo era terriblemente charlatana cuando era niña. Me pregunto si a la gente que tenÃa que escucharme le parecerÃa tan tonta como Hazel, a veces.
—No la conocà cuando era niña, pero estoy segura de que no era asà —dijo Rebecca—. Porque lo dijera como lo dijera, hablarÃa con franqueza e intención, cosa que Hazel Marr no hace. No es más que leche gorda fingiendo ser crema.
—SÃ, claro, a todo le da un aire dramático, como la mayorÃa de las chicas, pero creo que algunas cosas las dice en serio —replicó Ana.
Pensaba en Terry. Tal vez creÃa que Hazel hablaba con sinceridad respecto a él, porque ella no tenÃa la mejor de las opiniones sobre el mencionado Terry. Ana opinaba que Hazel «se desperdiciarÃa» con él, a pesar de los diez mil dólares que heredarÃa. Consideraba a Terry un muchacho apuesto, algo débil, que se enamorarÃa de la primera chica que le hiciera una caÃda de ojos, y con la misma facilidad, pasarÃa a enamorarse de la siguiente, si la primera lo rechazaba o lo dejaba solo demasiado tiempo.