Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Ana había visto bastante a Terry esa primavera, pues Hazel había insistido en que los acompañara en varias oportunidades, y estaba destinada a seguir viéndolo porque Hazel iba a visitar a unos amigos en Kingsport, y durante su ausencia, Terry se pegó a Ana; la llevaba a pasear y la acompañaba a su casa después de las fiestas o reuniones. Se llamaban «Ana» y «Terry», pues eran aproximadamente de la misma edad, aunque Ana se sentía bastante maternal respecto de él. Terry estaba encantado de que «la inteligente señorita Shirley» disfrutara de su compañía, y la noche de la fiesta de May Connelly, en un jardín iluminado por la luna, sobre el cual bailaban las sombras de las acacias, se puso tan sentimental, que Ana, divertida, le recordó a la ausente Hazel.
—Bah, Hazel… —dijo Terry—. Esa chiquilla…
—Estás comprometido con «esa chiquilla», ¿no es cierto? —replicó Ana con severidad.
—En realidad, no… fueron tonterías. Creo que me dejé llevar por la luna.
Ana pensó rápidamente. Si a Terry realmente le importaba tan poco Hazel, era mejor librar a la joven de él. Tal vez ésta fuera una oportunidad dorada para salvarlos a ambos del tonto enredo en el que se habían metido y del que ninguno de los dos parecía poder salir.