Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Entonces no sufras —le aconsejó despiadadamente.
—Sà que sufriré. Mis sentimientos son muy profundos. Desde luego, una persona insensible no sufrirÃa. Pero doy gracias porque puedo ser muchas cosas, pero no insensible. ¿Tiene alguna idea de lo que significa estar enamorada, señorita Shirley? ¿Verdadera, terrible, profunda y maravillosamente enamorada? ¿Y luego confiar en alguien y ser engañada? Me fui a Kingsport tan feliz… ¡enamorada de la vida y del mundo! Le pedà a Terry que fuera bueno con usted mientras yo no estaba, que no permitiera que se sintiera sola. Y anoche volvà tan contenta. Entonces él me dijo que ya no me amaba… que era todo un error… ¡un error! ¡Y que usted le habÃa dicho que yo ya no lo querÃa y que deseaba verme libre!
—Mis intenciones fueron honorables —objetó Ana, riendo. Su pÃcaro sentido del humor habÃa acudido a su rescate y reÃa de sà misma tanto como de Hazel.