Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Elizabeth nunca había vivido en un sitio donde se podía hacer ruido, si lo deseaba. En Siempreverde, todos tenían que moverse despacio, hablar en voz baja, hasta pensar en voz baja, sentía Elizabeth. Había ocasiones en las que Elizabeth deseaba, perversamente, gritar con todas sus fuerzas.
—Puedes hacer todo el ruido que quieras, aquí —le había dicho Ana.