Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —¡Se lo contaré a mi mamá! —lloró Ivy—. ¡Iré directamente a contárselo! ¡Eres odioso, malo y feo!
—No le digas feo a mi hermano, niñita vanidosa —le espetó Geraldine—. ¡Tú y tus lazos! Toma, llévatelos. No los queremos en nuestra leñera.
Ivy, perseguida por los lazos que Geraldine le arrojaba, corrió sollozando por el jardÃn y huyó calle abajo.
—¡Rápido! ¡Subamos por la escalera de atrás a limpiarnos antes de que la señorita Shirley nos vea! —exclamó Geraldine.