Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos Lo que me hizo pensar en escribirle fue que Elizabeth me dijo, muy seria, un día, que le había «escrito una carta a Dios» para pedirle que le enviara a su padre y que hiciera que él la quisiera. Me contó que se detuvo a la vuelta de la escuela en medio de un terreno vacío y la leyó, mirando hacia el cielo. Yo sabía que había hecho algo raro, porque la señorita Prouty la vio y me lo contó al día siguiente, cuando vino a coser para las viudas. Le parecía que Elizabeth «se estaba volviendo rara… hablando con el cielo de esa forma».
Le pregunté a Elizabeth qué había sucedido y me lo contó.
Antes de terminar, debo contarte acerca de Dusty Miller. Hace un tiempo, la tía Kate me dijo que creía que debía buscarle otro hogar porque Rebecca Dew se quejaba todo el tiempo de él, y al parecer, ya no podía soportarlo. Una tarde de la semana pasada, cuando volví a casa desde la escuela, Dusty Miller no estaba. La tía Chatty dijo que se lo habían dado a la señora Edmonds, que vive del otro lado de Summerside. Sentí pena, pues Dusty Miller y yo nos habíamos hecho muy buenos amigos. «Pero al menos», pensé, «Rebecca Dew se sentirá feliz».