Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Ha sido un gran placer tenerte aquÃ, querida —dijo la señorita Tomgallon cuando Ana se disponÃa a marcharse, después del desayuno—. Ha sido una visita realmente alegre, ¿no te parece? Aunque he vivido sola tanto tiempo que casi he olvidado cómo se habla. Y no es necesario que te diga lo encantador que me resulta conocer a una muchacha encantadora y refinada en esta era tan frÃvola. Ayer no te lo dije, pero era mi cumpleaños y fue muy agradable tener un poco de juventud en la casa. Ya no queda nadie para recordar mi cumpleaños… —La señorita Minerva dejó escapar un suspiro—. Y en un tiempo eran tantos…
—Bien, supongo que habrá escuchado una crónica horrorosa —comentó la tÃa Chatty esa noche.
—Todas esas cosas que me contó la señorita Minerva, ¿realmente sucedieron, tÃa Chatty?
—Lo curioso es que sà —respondió la tÃa Chatty—. Es extraño, señorita Shirley, pero a los Tomgallon les han sucedido muchas cosas terribles.
—No creo que hayan sido más que las que le suceden a cualquier familia grande en el transcurso de seis generaciones —observó la tÃa Kate.