Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Yo creo que sÃ. En verdad, parecÃan estar bajo una maldición. Hubo tantos que murieron de muerte repentina o violenta. Desde luego, hay una veta de locura en la familia… todos los saben. Eso ya era bastante maldición… pero he oÃdo una vieja historia… no puedo recordar los detalles… algo acerca de que el carpintero que hizo la casa la maldijo. Fue a causa de algo del contrato… el viejo Paul Tomgallon lo hizo atenerse a él y lo arruinó, pues costó mucho más de lo que habÃa calculado.
—La señorita Minerva parece casi orgullosa de la maldición —dijo Ana.
—Pobrecilla, es lo único que le queda —comentó Rebecca Dew.
Ana sonrió al pensar en la digna señorita Minerva considerada una «pobrecilla». Pero fue a la habitación de la torre y le escribió a Gilbert.
CreÃa que la Casa Tomgallon era una casona añeja y soñolienta donde nunca sucedÃa nada. Bueno, quizás ahora no sucedan cosas, pero es evidente que han sucedido. La pequeña Elizabeth está todo el tiempo hablando del Mañana, pero la Casa Tomgallon es el Ayer. Me alegro de no vivir en el Ayer… de que el Mañana siga siendo un amigo.