Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos —Estoy esperando a la señorita Shirley —explicó Elizabeth—. Fue a ver a la señora Thompson por algo de la cena de las Damas de Caridad. Cuando regrese, iremos al fin del mundo.
«¡Toma, por si tienes intenciones de raptarme, señor Hombre!».
—Por supuesto. Pero mientras tanto, podrÃas ponerte cómoda. Y debo hacer los honores. ¿Qué te gustarÃa tomar o comer? Es probable que el gato de la señora Thompson haya traÃdo algo.
Elizabeth se sentó. Se sentÃa extrañamente contenta y cómoda.
—¿Puedo pedir lo que quiera?
—Por supuesto.
—Entonces —dijo Elizabeth en tono triunfal—, me gustarÃa un poco de helado con dulce de fresas encima.
El hombre hizo sonar una campanilla y pidió el refrigerio. SÃ, esto debÃa de ser Mañana… no habÃa dudas. El helado con dulce de fresas no aparecÃa de este modo mágico en Hoy, con gatos o sin ellos.
—Dejaremos una porción para tu señorita Shirley —sugirió el hombre.