Ana la de Alamos Ventosos
Ana la de Alamos Ventosos La pequeña Elizabeth sintió pena por él. ¿Pero cómo era posible que no fuera feliz? ¿Cómo era posible que alguien que viviera en Mañana no fuera feliz? Elizabeth contempló con melancolía la isla Nube Voladora, mientras se alejaban remando. Después, justo cuando salían hacia el camino por entre los abetos que ocultaban la orilla, se volvió para echar una última mirada de despedida. Un carro tirado por caballos que galopaban a toda velocidad apareció por la curva, evidentementemente fuera de control.
Elizabeth oyó gritar a la señorita Shirley…