Ana, la de Avonlea

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—¿No te has enterado? —dijo Jane coléricamente—. Bueno, pues simplemente esto: Joshua Pye ha pintado nuestro edificio de azul, en vez de verde… un azul brillante del tono que se usa para pintar carros y carretillas. Y la señora Lynde dice que es el color más espantoso que pueda imaginarse para un edificio, especialmente, combinado con techo rojo. Cuando lo oí, me podrían haber derribado con una pluma. Es desesperante, después de todos los inconvenientes que tuvimos.

—¿Cómo diablos pudo haber sucedido algo semejante? —gimió Diana.

La culpa de este imperdonable desastre finalmente cayó sobre los Pye. Los «fomentadores» habían decidido usar pinturas Morton-Harris y los botes de esta pintura estaban numerados de acuerdo a los colores del muestrario. Un comprador elegía el tono en el muestrario y lo encargaba según el número correspondiente. El 147 era el que correspondía al verde deseado y cuando el señor Roger Pye les mandó decir a los «fomentadores» con su hijo John Andrew que iba a la ciudad y que les traería la pintura, éstos le dijeron que querían el 147. John Andrew siempre lo negó, pero el señor Roger Pye declaró firmemente que su hijo le había dicho 157; de ahí el error.


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